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Tema extra siglo XIX: La desamortización

2 mayo, 2012

TEMA DE LA DESAMORTIZACIÓN (Siglo XIX)

1.- Introducción.
Este tema hay que situarlo históricamente en la época de las Regencias y en la época isabelina, dentro del contexto de la evolución económica española de esos momentos.
La desamortización forma parte del largo proceso de implantación del liberalismo, el cual comenzó en 1808 -con las Cortes de Cádiz- y culminó durante el reinado de Isabel II (1843-1868). El sistema liberal que se fue implantando está vinculado al concepto de propiedad privada, entendida ésta como sagrada e inviolable. Considera el liberalismo que el derecho de propiedad implica el derecho a disponer libremente de la misma por parte del titular, del propietario. También parte del principio de que el Estado debe garantizar la inviolabilidad de la propiedad y la libertad para disponer de ella. Es decir, el Estado no debe intervenir ni limitar el derecho que se ejerce sobre dicha propiedad.
Durante el periodo de las Regencias (1833-1843) se produjeron una serie de cambios en la vida económica del país que van a significar la instauración definitiva de la sociedad burguesa y capitalista. Estos cambios se realizaron en medio de una permanente agitación política y con el trasfondo de la guerra carlista. El resultado de estos cambios fue una sociedad de ricos y pobres, sociedad de clases y no de estamentos, jerarquizada en función de la riqueza y no del nacimiento, como había ocurrido en el Antiguo Régimen.
La riqueza que define la posición social la otorga la propiedad: quien es propietario puede pertenecer a las clases dirigentes, quien carece de propiedad es un simple trabajador y tampoco tiene derechos políticos (sufragio censitario).
Casi todos los cambios que se produjeron en el periodo de la revolución liberal tuvieron un doble propósito:
Establecer y consolidar la plena propiedad privada, sin las limitaciones del Antiguo Régimen.
Formar una clase dirigente compuesta por propietarios (los antiguos señores y los nuevos capitalistas).
La transformación se produjo en dos fases: la época de las Regencias, cuando el cambio se dirige fundamentalmente a desmantelar el Antiguo Régimen; y el reinado de Isabel II, en que se construye la legalidad sobre la que descansa la sociedad capitalista triunfante

2.- La desamortización.
La desamortización supone la incautación por parte del Estado de bienes de propiedad colectiva, bien eclesiástica o bien civil, que, tras la correspondiente incautación pasan a ser vendidos mediante subasta pública convirtiéndose así en una propiedad nueva, privada, con plena libertad de uso y disposición.

a)La desamortización antes de Mendizábal.
Ya en el reinado de Carlos III los ilustrados realizaron una crítica de los bienes amortizados (nobiliarios y eclesiásticos), considerándolos como la principal causa del estancamiento agrario. Con Carlos IV, Godoy emprendió una desamortización de bienes eclesiásticos para recaudar fondos que sufragaran los gastos militares. En total se vendió la sexta parte del patrimonio de la Iglesia.
.       Durante la Guerra de la Independencia las Cortes de Cádiz elaboraron una legislación que permitía sacar al mercado libre bienes que en el Antiguo Régimen no podían cambiar de manos, para que fueran objeto de compra y venta. Iniciaron la desvinculación de los bienes de la nobleza, lo que supuso abolir los señoríos y convertir en propiedad particular y libre las tierras antes vinculadas. Esta medida no implicaba un cambio de propietario, sino la transformación de los antiguos señores en propietarios con titularidad plena y libre sobre sus bienes. Además de la desvinculación, las Cortes de Cádiz iniciaron la desamortización de los bienes eclesiásticos de los conventos y órdenes religiosas, y la puesta en venta de los mismos, pero la restauración del Antiguo Régimen en 1814 con Fernando VII significó la anulación de estas medidas y la devolución a los frailes de los bienes vendidos.
Durante el Trienio Liberal (1820-1823) volvieron a entrar en vigor las disposiciones de las Cortes de Cádiz, de manera que se reanudó la desamortización, vendiéndose buena parte de los bienes de los conventos. Pero en 1823 Fernando VII volvió a restituirlos.

b)La desamortización de Mendizábal.
Junto con la posterior desamortización de Madoz, constituye una de las desamortizaciones más destacadas. A partir de 1833 (inicio de la regencia de Mª Cristina), el proceso desamortizador se precipitó por varias razones:
Para ganar la guerra carlista el Estado estaba obligado a obtener recursos en un momento en que las arcas estaban vacías y el crédito exterior se había hundido por la falta de credibilidad del Estado ante las instituciones extranjeras.
Para recuperar la confianza en el Estado era preciso eliminar o disminuir la deuda pública que, dada la mala situación de la Hacienda, debía hacerse a través de nuevas vías de financiación que serían las ventas de los bienes eclesiásticos.
Permitir el acceso a la propiedad de sectores burgueses que mejorarían la producción  y la revalorizarían. Además, se crearía un sector de nuevos propietarios  vinculados al régimen liberal y al bando cristino.
Cambiar la estructura de la propiedad eclesiástica, que de amortizada  y colectiva pasaría a ser libre e individual.

Con estos objetivos, en 1836 Mendizábal emprendió la primera de las dos grandes desamortizaciones de la época liberal. Mediante decreto, declaró en venta todos los bienes del clero regular (frailes y monjas), y todos los fondos obtenidos se destinarían a la amortización de la deuda pública. De esta manera, quedaron en manos del Estado para pasar a subasta pública tierras, casas, monasterios y conventos con todos sus enseres. Al año siguiente, en 1837, otra ley amplió la acción al sacar a la venta los bienes del clero secular (catedrales e iglesias), aunque su ejecución se llevó a cabo en 1841, durante la regencia de Espartero. Con la vuelta de los moderados en 1844, se suspendieron las subastas, aunque se garantizaron las ventas ya realizadas. En total, entre 1836 y 1844, se desamortizó el 62 % de las propiedades de la Iglesia. Las fincas fueron tasadas por peritos de Hacienda y subastadas después a partir de un precio de salida. Los lotes, en teoría, eran asequibles a compradores de bajos ingresos, pero en la práctica los propietarios y los inversores burgueses acapararon las compras, puesto que eran los únicos que tenían dinero disponible, sabían pujar y podían controlar las subastas. Además, comprar era un excelente negocio: sólo se abonaba el 20 % al contado, y el resto se pagaba aplazado, admitiéndose para el pago los títulos de la deuda por su valor nominal. Como estaban muy desvalorizados en el mercado, adquirirlos en bolsa y pagar con ellos era una ganga para el comprador.

c)   La desamortización general de Madoz.
La segunda gran desamortización fue la iniciada por el ministro de Hacienda Pascual Madoz en 1855, como parte del programa de gobierno del Bienio progresista. La Ley de Desamortización General establecía la venta en subasta pública de todos los bienes de propiedad colectiva: los de la Iglesia no vendidos en la etapa anterior, los de los municipios -bienes de propios si se destinaban al arriendo, o comunes si eran utilizados por los vecinos del pueblo- , y los pertenecientes al Estado. Se trataba, por tanto, de completar el proceso desamortizador iniciado por Mendizábal en 1836. El procedimiento utilizado fue similar: incautación y venta en subasta pública, admitiéndose también el pago aplazado, pero siempre en efectivo. El volumen del dinero acumulado por la ventas fue casi el doble al de  la desamortización anterior. También en este caso uno de los objetivos principales fue obtener ingresos para la Hacienda, pero, además, se intentó consolidar una clase media favorable al régimen liberal y fomentar el desarrollo económico del país a través de la construcción del ferrocarril.

d)   Consecuencias de la desamortización.
La desamortización no supuso ni un reparto de tierras ni una reforma agraria, sencillamente porque no formaba parte de los planes del Estado, que lo que buscaba era recaudar fondos. Sin embargo, no resolvió el problema de la deuda, aunque contribuyó a atenuarlo, tanto a través de la recaudación directa de las ventas, como por el hecho de que comenzaron a tributar muchas propiedades que antes estaban exentas, aumentando así los ingresos de la Hacienda. Fue en los años cincuenta, gracias a la desamortización de Madoz y al desarrollo económico, cuando realmente disminuyó de manera significativa la deuda del Estado.
La desamortización trajo consigo una expansión de la superficie cultivada, pero no un aumento de los rendimientos, ya que las nuevas tierras que se pusieron en cultivo eran marginales y de baja calidad. Es decir, la producción agraria aumentó, pero no lo hizo la productividad.
El desmantelamiento casi completo de la propiedad de la Iglesia y de sus fuentes de riqueza, ya que el diezmo también fue suprimido en 1837. Por esta razón, el Estado se comprometió a mantener al clero y a subvencionar el culto.
En cuanto a la estructura de la propiedad de la tierra, la desamortización no solucionó los problemas de desequilibrio, ya que acentuó el latifundismo en Andalucía y Extremadura, y el minifundismo en el norte y noroeste.
En lo social, significó la consolidación de una burguesía terrateniente que se dedicó a invertir en la compra de tierras. Esta burguesía se constituyó en la élite que detentaba el poder durante el reinado de Isabel II, vinculándose al régimen liberal tal como había previsto Mendizábal. Los que no compraron fueron los campesinos que, o no recibían información, o no sabían pujar en las subastas, ni tenían dinero para hacerlo. Apareció así un proletariado agrícola de más de dos millones de campesinos sin tierra compuesto por jornaleros sometidos a duras condiciones de vida y a un trabajo estacional. Además, con la desamortización de Madoz, al eliminarse la propiedad comunal, se produjo un agravamiento considerable de la situación económica del campesinado, que se vio privado del uso y disfrute de los antiguos bienes del municipio.
En conjunto, la desamortización contribuyó al cambio hacia la sociedad burguesa. Significó el traspaso de una enorme masa de tierras a los nuevos propietarios, y la fusión de la antigua aristocracia con la burguesía moderna para crear la nueva élite terrateniente. Aunque la desamortización no cumplió las grandes esperanzas de quienes confiaban en realizar una reforma agraria, ni condujo a la industrialización del país (“enterró” capitales), no debe ser considerada un fracaso total.

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