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Tema 10. La dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)

16 enero, 2012

TEMA 10.   LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA (1923-1930)

1.- Las causas del golpe de Estado.
A la altura del año 1923 todo el sistema político de la Restauración estaba en plena crisis y eran muy frecuentes los rumores acerca de la posibilidad de un golpe militar. Efectivamente, el 13 de septiembre de 1923 el entonces capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, dio un golpe de Estado que acabó con el régimen constitucional e implantó una dictadura. Con ello España dejó de ser una Monarquía parlamentaria y se puede dar por desaparecido el sistema canovista.
Las circunstancias que llevaron a la dictadura son de diverso orden:
–    En primer lugar estaban las consecuencias de Annual, cuya derrota pesaba sobre los militares y sobre la opinión pública. Annual provocó dos movimientos opuestos:
–    En el Ejército, que exigía un cambio político que posibilitara un aumento de los presupuestos de guerra para poder responder militarmente y vengar la humillación sufrida.
–    En la opinión pública, de indignación y oposición a la continuidad de la guerra, al tiempo que se exigía depurar responsabilidades de lo ocurrido.

Ante la negativa del gobierno a aumentar los gastos militares, varios jefes del Ejército, entre ellos los africanistas, se mostraron partidarios de un golpe que posibilitara llevar la guerra hasta el final. Además, el Expediente Picasso provocó fuertes tensiones en las  Cortes y en el Ejército, que no quería que se siguiera adelante con la investigación, mientras que la izquierda llegó a acusar al propio Rey de ser el instigador de las desastrosas operaciones del general Silvestre.
–    El auge del nacionalismo en Cataluña y el País Vasco, visto con recelo por los grupos más derechistas. Aunque los partidos nacionalistas (Lliga y PNV) no eran nada radicales, ciertos sectores los veían como una amenaza para la “unidad de la Patria”.
–    La división de los partidos del turno y el ascenso de socialistas y republicanos alarmaba a la oligarquía y a los militares conservadores. Además, la situación de agitación social que se vivía asustaba a las clases dirigentes que pensaban que un gobierno autoritario podía frenar definitivamente la protesta social y el auge del movimiento obrero. Por esta razón, la burguesía se puso sin disimulos del lado de la dictadura.
–    La crítica permanente al gobierno y a los partidos dinásticos por parte de la opinión pública y de la prensa. Comenzó a ganar adeptos la idea de que hacía falta un “hombre de hierro” que pusiera “orden” y acabara con el corrupto sistema de la Restauración.
–    El apoyo del propio Rey al dictador, pues el hecho de que no se opusiera al golpe contribuyó a afianzar el pronunciamiento.
–    El contexto internacional también favorecía la dictadura, pues en 1917 se había producido el triunfo de la revolución comunista en Rusia, y ello produjo una fuerte alarma que hizo que proliferasen los regímenes autoritarios de corte fascista, como había sucedido en Italia con Mussolini. En Europa se vivió una época de retroceso democrático.

2.- El golpe de Estado de 1923 y la formación del Directorio Militar.
Un grupo de generales, entre ellos varios africanistas, acordaron en el verano de 1923 preparar un golpe e instaurar un “gobierno fuerte”. Sería Primo de Rivera quien lo dirigiera. Popular entre la burguesía por su talante duro con los anarquistas, se sublevó el 13 septiembre contra el Gobierno y, ante la pasividad de éste y con el apoyo de Alfonso XIII, el golpe triunfó. El día 14 el Rey encargó a Primo de Rivera formar gobierno.
El argumento justificador del golpe era la consideración de que el régimen constitucional estaba bloqueado y desprestigiado y que existía un grave peligro de revolución social. El dictador justificó su acción no como un fin, sino como un remedio indispensable para la situación de crisis que se vivía. Se presentó a sí mismo como un proyecto de regeneración, como un “paréntesis de curación” de los males  del país (se denominó a sí mismo como “el cirujano de hierro”). Con estas pretensiones regeneracionistas intentaba ganarse la adhesión popular. Se trataba de corregir los defectos del sistema y de eliminar el caciquismo. Sin embargo, las primeras medidas se orientaron a implantar una dictadura férrea en la que el Ejército asumía un papel de monopolio del poder. El Rey aceptó nombrar Ministro único a Primo de Rivera, quien constituyó, a título consultivo, un Directorio Militar compuesto exclusivamente por jefes del Ejército. Era, por tanto, una dictadura de índole claramente personalista.

El Directorio Militar (1923-1925).
Ya las primeras medidas del Directorio Militar mostraron un talante dictatorial:
–    Suspendió el régimen constitucional (base del sistema parlamentario).
–    Disolvió las Cortes (el poder legislativo quedó eliminado).
–    Sustituyó a todos los gobernadores civiles por militares que asumieron el poder en todas las provincias.
–    Estableció una férrea censura de prensa.
–    Represión de cenetistas y comunistas.
Hasta el mes de diciembre el dictador contó con bastante respaldo popular y con el silencio expectante de los partidos de la oposición.  Pero en enero de 1924 comenzó un proceso de institucionalización del régimen y su acción se encaminó a acabar con los viejos partidos de la Restauración y con el régimen parlamentario. Sin embargo, no tocó a la base del sistema, la burguesía terrateniente e industrial, que siguió dominando la vida económica y social y que se aprovechó de la ola de prosperidad económica de los años veinte para aumentar su poder.
Como uno de los objetivos de Primo era la regeneración política y la liquidación del caciquismo, se elaboró un Estatuto Municipal y otro Provincial. Previamente había cesado a todos los concejales de todos los ayuntamientos, que fueron sustituidos por juntas de vocales, las cuales estaban integradas por los mayores contribuyentes de cada localidad, nombrados a través de los gobernadores civiles. El Estatuto Municipal buscaba una mayor autonomía económica de los municipios y acabar con el caciquismo. En la práctica, la autonomía quedó muy recortada por la excesiva intervención de los gobernadores, y tampoco se acabó con el caciquismo al no desarrollarse un sistema electoral democrático. Al final todo quedó en que sustituyeron a unos caciques por otros. No obstante, gracias a la prosperidad económica se produjeron algunos avances al realizarse inversiones en riegos, alcantarillado, dotaciones escolares y sanitarias, etc.
Eliminada la actuación de los partidos y suspendidas las Cortes, Primo de Rivera decidió crear la Unión Patriótica, semejante a un partido único y bajo la dirección de un militar. Se trataba de una especie de partido gubernamental, sin un programa ideológico definido y cuya misión primordial era proporcionar apoyo social a la Dictadura y seguir sus directrices. Los afiliados procedían básicamente de las filas del catolicismo y de los caciques rurales. En definitiva, sectores conservadores que esperaban gozar del apoyo del gobierno. Además, los miembros de los ayuntamientos y de la diputaciones provinciales tenían que pertenecer a la Unión Patriótica.
Sin duda, el gran éxito del Directorio Militar fue terminar la guerra de Marruecos. Efectivamente, desde el inicio de la Dictadura el conflicto con Marruecos centró el interés de Primo de Rivera. En un principio fue partidario de abandonar la guerra y negociar, pero esta postura provocó la reacción hostil de los africanistas, encabezados por Sanjurjo, Queipo de Llano y Franco, y el Dictador tuvo que rectificar. A partir de 1925 se inició una política de colaboración con Francia que incluía una acción militar coordinada. Se preparó un ejército potente y modernizado que, unido al francés, protagonizó el desembarco de Alhucemas (1925). Tras varias semanas de duras batallas, Abd-el-Krim  se rindió  entregándose a las tropas francesas. La guerra había terminado.
La victoria en Marruecos colocó  a Primo de Rivera en la cumbre de su prestigio: le reconcilió con los militares africanistas, elevó su popularidad y le permitió renovar el apoyo de la oligarquía, que podía volver a invertir con tranquilidad en el protectorado de  Marruecos.
Pese a estos éxitos, el problema regionalista fue uno de los grandes fracasos de la Dictadura. Para Primo de Rivera regionalismo y separatismo eran sinónimos, y desde el inicio de la Dictadura prohibió el uso de la bandera catalana y su himno nacional, al tiempo que restringió el uso del catalán al ámbito privado. Por estos motivos, los catalanes retiraron su apoyo al Dictador y muchos catalanistas se orientaron hacia el republicanismo.
El orden público fue otras de la obsesiones de Primo, para quien movimiento obrero, violencia y delincuencia eran la misma cosa. Adoptó medidas represivas contra cualquier tipo de manifestación o protesta y estableció una rígida censura de prensa. Tras una etapa inicial de encarcelamientos y algunas ejecuciones, las protestas desaparecieron.

b)  El Directorio Civil.
En diciembre de 1925, Primo de Rivera propuso al Rey sustituir el Directorio Militar por un gobierno civil. De esta manera, el Ejército retornaba a los cuarteles, aunque seguían suspendidas la Constitución y las libertades.
Durante el Directorio Civil Primo intentó institucionalizar su régimen mediante la creación de una Asamblea Nacional Consultiva (1927) compuesta por miembros elegidos por sufragio restringido en representación de municipios, provincias, Iglesia, Ejército, sectores económicos, sectores de la cultura, etc… Pero al final tanto la Asamblea como la Unión Patriótica resultaron ser un fracaso, pues ni obtuvieron respaldo popular ni eran una alternativa viable a la Dictadura. De hecho, si ésta subsistió hasta 1930 fue por la victoria militar en Marruecos y por la prosperidad económica internacional de los años veinte.

c)  Política económica y social de la Dictadura.
La Dictadura se benefició de la buena coyuntura económica, y orientó su política económica hacia la defensa y protección de la economía española para impulsar su reactivación, sin que hubiera cambios profundos en la estructura de la propiedad. Fueron años de dirigismo estatal y de un fuerte intervencionismo, con la intención de propiciar la industrialización, mejorar la agricultura e incrementar el comercio exterior. El protagonismo del Estado en materia económica se basó en el fomento de las obras públicas (ferrocarriles, carreteras, obras hidráulicas, etc…) y en la concesión de ayudas estatales a las empresas que no eran competitivas. También se concedieron grandes monopolios como el de la Compañía Telefónica Nacional de España o el de CAMPSA, que tenía la exclusividad de la importación, refinado y venta del petróleo. Toda esta política comportó un notable crecimiento de la Deuda pública que en 1929 era siete veces superior a la de 1924.
En cuanto a política social, apareció una legislación laboral que regulaba la contratación, los tribunales laborales y los accidentes de trabajo, así como el subsidio de familias numerosas y el seguro de maternidad. Se creó la Organización Corporativa del Trabajo, que tenía carácter mixto (había empresarios y trabajadores) y se encargaba de regular los problemas laborales. Con ella pretendía eliminar los sindicatos de clase y la conflictividad social.

3.-  La oposición a la Dictadura y la caída de Primo de Rivera.
El fracaso de la Dictadura a la hora de renovarse y la irritación de los grupos de la oposición por el inmovilismo del régimen, hicieron revivir las movilizaciones. La oposición a la Dictadura abarcó a un amplio espectro político:
–   Buena parte de los líderes de los antiguos partidos del turno, que criticaron su excesiva duración y exigían el restablecimiento de la Constitución.
–   Los republicanos, que organizaron la Alianza Republicana (1926) en la que estaban unidas las diversas tendencias, iniciaron una lenta pero creciente movilización.
–    Dentro del Ejército también creció el descontento, particularmente por las arbitrariedades de Primo de Rivera en los ascensos.
–   Igualmente creció la oposición entre los intelectuales, mayoritariamente opuestos a la Dictadura desde el principio.
–    En cuanto a la izquierda obrera, , pasó del desconcierto inicial a una fase de conformismo. Pero a partir de 1927 volvió a movilizarse e inició una clara oposición, especialmente desde 1929, cuando la crisis económica sacudió de nuevo al país. El PSOE comenzó a postular que quizás la única salida era la República, lo mismo que propusieron el PCE y la CNT.
–    Las medidas anticatalanistas también distanciaron a los sectores regionalistas que habían acogido bien a la Dictadura en un principio.

En estas condiciones, la descomposición de la Dictadura se precipitó. En los últimos meses de 1929 arreciaron las protestas y las huelgas provocadas a raíz de la fuerte crisis económica internacional (el crack de Walt Street). Alfonso XIII, temeroso de que el desprestigio de la Dictadura afectara a su propia imagen, optó por retirar la confianza a Primo de Rivera, quien dimitió en enero de 1930 y se exilió en París, donde murió pocas semanas más tarde.

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