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Tema 6. El Sexenio Democrático (1868-1874)

21 noviembre, 2011

TEMA 6.       EL SEXENIO DEMOCRÁTICO (1868-1874).

 

1.-   Introducción.

La revolución de 1868 abrió paso a un periodo poco duradero, el Sexenio Democrático, en el que se produjeron numerosos e importantes cambios sociales y políticos trascendentales para la historia de España por sus repercusiones posteriores.

–        Por un lado, se intentó sanear y democratizar el sistema político a través de la práctica, por primera vez, del sufragio universal, de la implantación de la soberanía nacional y de la consagración de un sistema de libertades.

–        Por otro, se reorientó la política económica en un sentido liberal, intentando afianzar el desarrollo del capitalismo.

Al mismo tiempo, fue un periodo lleno de dificultades:

–        En primer lugar, la aceptación de la monarquía supuso la oposición de los sectores republicanos.

–        En segundo lugar, el tono democrático-burgués del régimen frustró los deseos de cambio social y económico de obreros y campesinos, surgiendo un movimiento obrero organizado con gran fuerza fuera de los tradicionales partidos burgueses.

–        Por último, la guerra colonial con Cuba y el rebrote de la tercera guerra carlista acabaron por complicar aún más la acción de los gobiernos del Sexenio. La proclamación de la República agravó también los problemas al levantarse en armas contra el gobierno los sectores más radicales del republicanismo federal. En 1874 un golpe militar puso fin a la experiencia democrática.

 

2.-  Causas de la revolución de 1868.

La revolución fue fruto de la confluencia de una serie de fenómenos que tienen su origen en la época anterior:

–        La crisis económica.

–        La crisis política originada por el hundimiento del moderantismo.

a)     La crisis económica.

El reinado de Isabel II se caracterizó por la expansión económica, pero hacia mediados de los sesenta comenzó una fuerte crisis  que tuvo dos vertientes:

–        una crisis de tipo moderno que afectó a las finanzas y a la industria,

–        y una crisis de tipo antiguo ( de subsistencia) que afectó a la agricultura.

La crisis financiera se produjo por la falta de rentabilidad de las inversiones hechas en   los ferrocarriles, y cayó el valor de las acciones ferroviarias en la Bolsa. Esta crisis coincidió con la de la industria textil catalana debida a la interrupción de las exportaciones de algodón de EE.UU.  -por la guerra de Secesión- y a la subida de precios de este producto. A ello se unió la contracción de la demanda de textiles como consecuencia de la crisis general.

La crisis de subsistencia se produjo por las malas cosechas que ocasionaron la carestía del trigo, base de la alimentación de la mayoría de la población. De esta manera, el paro, el hambre y el descenso del nivel de vida de las clases trabajadoras condujeron a un clima de grave agitación social.

 

b)     La crisis política.

En 1868 casi nadie defendía ya la causa isabelina. La Reina se había apoyado en los sectores moderados del liberalismo, cuya política consistía en el mantenimiento a ultranza del orden y del sistema oligárquico sustentado en la Constitución de 1845. Así, amplios sectores de la sociedad se opusieron al sistema y, ante la imposibilidad de acceder al poder por los mecanismos constitucionales, los progresistas optaron por la vía de la conspiración. En 1866 la oposición realizó el Pacto de Ostende, firmado por progresistas y demócratas, y más tarde, tras la muerte de O´Donnell, por los unionistas. El Pacto era una plataforma para unificar la acción de estos grupos de cara a provocar el derrumbe del régimen a través de la revolución. El acuerdo consistía en acabar con el moderantismo y con la monarquía de Isabel II, para después convocar elecciones por sufragio universal a Cortes Constituyentes, las cuales deberían decidir la forma de gobierno.

A las fuerzas políticas del Pacto de Ostende se les unieron diferentes fuerzas sociales: la burguesía industrial y financiera, convencida de que el gobierno isabelino no podía solucionar la crisis económica; los militares, resentidos por el recuerdo de la matanza del cuartel de San Gil; y las clases populares, descontentas por el paro y la subida de precios. El programa revolucionario incluía algunas reivindicaciones populares, como el sufragio universal o la supresión de las quintas (sistema por el que se regulaba la prestación del servicio militar)  y los consumos (impuestos indirectos).

 

3.- La revolución de 1868: La Gloriosa. El periodo Constituyente.

a)     En realidad la “Gloriosa” no fue más que otro pronunciamiento militar -encabezado por Prim, Serrano y Topete-, al que luego se sumó el apoyo popular. La revolución comenzó en Cádiz, donde el almirante Topete se sublevó con su escuadra, y luego le secundaron los generales Prim y Serrano, quienes pronto consiguieron el apoyo de la población de muchas ciudades (Cádiz, Sevilla, Barcelona, etc.) en las que proliferaron las Juntas locales con un programa más radical que el de los militares. Las Juntas fueron el marco de la acción popular durante la revolución. El ejército fiel a Isabel II fue derrotado por Serrano en la batalla de Alcolea (Córdoba), con lo que el camino a Madrid quedó abierto. El gobierno no vio otra salida que dimitir , y la Reina partió hacia el exilio en Francia. Pronto se puso en evidencia que no todos los que habían participado en la revolución tenían las mismas intenciones: para los conspiradores el objetivo esencial era derrocar al gobierno y esto ya se había conseguido; pero para los demócratas y republicanos y, sobre todo, las masas populares, la revolución debería ir más allá. Como se impuso la primera opción, éstas quedaron frustradas. Pronto se formó un Gobierno Provisional, presidido por Serrano -y Prim como ministro de la Guerra-, cuyas primeras medidas fueron disolver las Juntas locales y desarmar a la Milicia Nacional, los dos elementos de participación popular en la revolución.

b)     La Constitución de 1869.

Normalizada la situación, el Gobierno Provisional convocó elecciones a Cortes Constituyentes que, por primera vez en España, se hicieron por sufragio universal masculino (todos los varones mayores de 25 años). La victoria fue para la coalición gubernamental formada por unionistas, progresistas y parte de los demócratas, mientras que carlistas y republicanos quedaron en minoría. En un tiempo récord las Cortes redactaron una Constitución liberal-democrática cuyas características fundamentales eran:

La Monarquía como forma de Estado. Al Rey no se le atribuyen poderes legislativos, y ejerce el poder ejecutivo a través de los ministros, por lo que estamos ante un sistema de monarquía democrática y parlamentaria en la que el rey tiene limitadas sus competencias: reina pero no gobierna.

La proclamación de la soberanía nacional. En cuanto se establece el sufragio universal, la soberanía es realmente nacional.

Se establece una clara división de poderes:

. El legislativo reside en las Cortes (bicamerales).

. El ejecutivo corresponde a los ministros, que deben dar                                         cuenta de su gestión ante las Cortes.

. El judicial corresponde a los jueces, que son independientes.

Para garantizar esta independencia se reguló  el    acceso                                  a la    carrera judicial por oposición, acabándose así con el                                    sistema  de nombramiento de los jueces del gobierno

de nombramiento de los jueces por el gobierno.

Contiene una extensa declaración de derechos, muy elaborada, para evitar que hubiera que desarrollarla posteriormente mediante leyes y que éstas sirvieran para recortarlos, como había ocurrido con los gobiernos moderados. Como derechos recogía los de libertad, de voto, de expresión, de reunión y asociación, etc. En general, se hace más hincapié en los derechos individuales que en los colectivos.

Reconoce el sufragio universal masculino. El Congreso se elegía directamente, pero el Senado de forma indirecta a través de compromisarios y sólo podían ser elegidos senadores personas relevantes de la economía, la política, el Ejército  o la Iglesia. Se mantenía así el modelo de un Senado conservador.

En los Ayuntamientos, los concejales serían elegidos por sufragio universal, y los alcaldes entre los concejales.

–  Libertad de cultos.

En conjunto, la Constitución de 1869 establecía un régimen democrático, apto para la participación de todas las fuerzas políticas dentro de un orden burgués.

c)     Los problemas del régimen y la búsqueda de un rey.

 

Entre 1869 y 1870 el Gobierno Provisional realizó una serie de reformas en política económica de cara a facilitar la implantación del capitalismo y favorecer los intereses de la burguesía. Las medidas tomadas se caracterizaron por la defensa del librecambismo y por la apertura del mercado español a la entrada de capitales extranjeros. Con ello se pretendía favorecer la competencia y transformar las estructuras comerciales e industriales del país.

El ministro de economía, Laureano Figuerola, realizó una reforma a fondo de la Hacienda, de los aranceles y del sistema monetario:

– Intentó suprimir los consumos y establecer un impuesto personal y universal, pero esta reforma acabó fracasando por la resistencia de la burguesía.

– Permitió la entrada de capitales extranjeros y liberalizó los intercambios exteriores. El llamado “arancel Figuerola” establecía la disminución progresiva de las tarifas aduaneras (política de librecambio). Esta medida no agradó a los industriales catalanes ni a los terratenientes cerealeros del interior, que veían peligrar su monopolio sobre el mercado nacional.

– También reformó el sistema monetario al establecer que la  peseta fuera la nueva unidad monetaria, y al otorgar la exclusividad de emitir moneda al Banco de España            (entonces una entidad privada).

– Para disminuir el déficit de la Hacienda utilizó el patrimonio minero mediante su venta o concesión a determinadas compañías (Ley de Minas). Era una especie de desamortización del subsuelo.

 

Por otro lado, el Gobierno Provisional se vio afectado por una serie de problemas que dieron una marcada inestabilidad al periodo:

– Campesinos y obreros se sintieron frustrados en sus aspiraciones debido a que el nuevo régimen no trajo una mejora de su situación. Además, los sectores populares vinculados al republicanismo y los anticlericales no veían con agrado el establecimiento de una monarquía ni el mantenimiento del culto y el clero. Se produjeron frecuentes movilizaciones y levantamientos urbanos y campesinos. Mientras que éstos reivindicaban reparto de tierras, las revueltas urbanas se dirigían principalmente contra las quintas (sistema de prestación del servicio militar consistente en sortear un quinto de los mozos que deben realizarlo) o la subida de precios.

– A estas movilizaciones se añadieron los republicanos más radicales que reclamaban la formación de una república desde la base.

– Otro de los grandes problemas fue el estallido de una guerra independentista en Cuba que duró desde 1868 a 1878.

 

Aprobada la Constitución, el Gobierno, dirigido por Prim y con Serrano como Regente hasta que se encontrara un rey, se propuso consolidar el nuevo régimen y emprender el desarrollo legislativo de la Constitución, al tiempo que se buscaba un candidato al trono de España. Fue imposible unir a los partidos parlamentarios, que estaban divididos en las siguientes opciones:

– Carlistas: minoritarios y defensores de la monarquía tradicional.

–  Moderados: minoritarios y fieles a Isabel II.

– Republicanos: minoritarios, defensores de la República y de amplias reformas sociales.

– Coalición gubernamental (firmantes del pacto de Ostende): mayoritarios y defensores de la monarquía democrática.

 

En semejante situación de inestabilidad emprendió Prim la difícil tarea de buscar un rey que sustituyese a los desacreditados Borbones. Debía obtener el respaldo de las Cortes y la aprobación internacional. Por fin, se impuso la candidatura de Amadeo de Saboya, hijo del rey del Italia Víctor Manuel II, y hombre proclive a la monarquía democrática. El nuevo monarca llegó a España el 30 de diciembre, tres días después del asesinato del general Prim en Madrid, que era su valedor y consejero más fiel. El 2 de enero fue proclamado rey.

 

4.- El reinado de Amadeo de Saboya (1871-1873).

Desde su inicio, el reinado de Amadeo fue un fracaso completo por una serie de razones bastante complejas:

a)     La oposición de una serie de sectores políticos:

– Los moderados que, fieles a los Borbones, empezaron a perfilar un partido alfonsino defensor del hijo de Isabel II, el príncipe Alfonso. Fue Canovas del Castillo quien organizó a este sector, captando a disidentes unionistas y progresistas. Pronto esta opción contó con el apoyo de la Iglesia y de la alta burguesía industrial  -contraria a la política librecambista-, así como de la aristocracia y los terratenientes, defensores del “orden” y la propiedad.

Los sectores republicanos que, como es lógico, tampoco respaldaron a Amadeo , y protagonizaron importantes levantamientos y protestas apoyados por las masas populares.

– Los carlistas que cobraron fuerza ahora  que, desaparecida Isabel II, vieron posibilidades de entronizar a Carlos VII, el nieto de Carlos Mª Isidro.

b)     La tercera guerra carlista agravó aún más la situación. En el País Vasco se inició una insurrección que luego se extendió a Navarra y Cataluña y, aunque no constituyó un verdadero peligro, sí contribuyó a acentuar la inestabilidad de la Monarquía.

c)     La guerra de Cuba era otro de los graves problemas. El gobierno amadeista intentó solucionarlo ofreciendo a los sublevados la abolición de la esclavitud y reformas políticas, pero la oposición a estas medidas de parte de la burguesía española frustró la posibilidad de una solución pacífica y la guerra se prolongó.

d)     Sublevaciones republicanas y anarquistas que rápidamente fueron sofocadas.

e)     Desintegración de la coalición gubernamental. Fue el problema más grave del reinado, ya que dejó al rey sin el apoyo necesario para hacer frente a la gobernabilidad del país.  En estas circunstancias, Amadeo acabó por presentar su renuncia al trono en febrero de 1873.

 

5.-  La I República (1873-1874).

Tras la abdicación de Amadeo las Cortes proclamaron la I República (febrero de 1873) porque en realidad apenas había otra alternativa dado que ni los alfonsinos, ni mucho menos los carlistas, contaban con el apoyo suficiente para la restauración borbónica. Gran parte de la Cámara era monárquica, pero votó a favor de la República por estrategia, para acelerar el proceso de deterioro político y tener tiempo para organizar una alternativa monárquica con el retorno de los Borbones. Así pues, la República nacía con escasas posibilidades de éxito.

 

Las corrientes republicanas.- Dentro del republicanismo existían dos corrientes diferenciadas:

– Un sector, el de los “unitarios”, liderado por Castelar, defendía un modelo de Estado no federal, sino centralizado, y mantenía posiciones conservadoras desde el punto de vista social y político.

– Otro sector defendía el federalismo, es decir, una república basada en un sistema de pactos libremente establecidos entre los distintos pueblos o regiones histórico-culturales. Los partidarios de la República Federal también defendían un Estado laico y una profunda transformación social basada en una ampliación de los derechos democráticos y en la intervención del Estado en la regulación de las condiciones laborales. La pequeña burguesía y las clases populares (obreros y campesinos) apoyaban esta opción . Pero los republicanos federalistas no formaban un bloque homogéneo y se hallaban divididos en dos tendencias: los “benévolos” y los “intransigentes”. Los primeros, liderados por Pi y Margall, mostraban especial preocupación por el respeto a la legalidad y eran contrarios a las insurrecciones armadas y a las movilizaciones populares. En cambio, los intransigentes defendían el recurso a la insurrección como método para proclamar la República federal.

 

Evolución de la I República.

La República se constituyó en varias fórmulas sucesivas: indefinida, federal y autoritaria.

a)     El primer presidente de la Republica fue Figueras, uno de los líderes más moderados del republicanismo, quien tuvo que enfrentarse a una situación caótica: levantamientos campesinos en Andalucía (ocupación de tierras), conspiración de los sectores monárquicos, recrudecimiento de la guerra carlista, una Hacienda deficitaria y la guerra de Cuba. Se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes que dieron la mayoría a los republicanos federalistas debido a la abstención de casi todos los partidos.

b)     Las Cortes proclamaron la República federal como forma de Estado y se propusieron redactar otra Constitución. El nuevo presidente, Pi y Margall, era partidario del federalismo y próximo a las ideas libertarias de Proudhon. La Constitución de 1872, que no llegó a entrar en vigor, establecía una República compuesta por 17 Estados confederados, entre ellos Cuba y Puerto Rico. El poder se repartía entre las instituciones autónomas y las nacionales. Por lo demás, esta Constitución era muy parecida a la 1869.  Los republicanos estaban cada vez más divididos, lo que dificultó la tarea de gobierno. Mientras se trataba de poner en marcha la República federal “desde arriba”, según los criterios de los llamados “benévolos”, tuvo lugar el estallido del movimiento cantonalista promovido por los “intransigentes” o partidarios de construir la República “desde abajo”. La revolución cantonalista comenzó en Cartagena y se extendió principalmente por el sur y el levante de la Península, donde se formaron Juntas revolucionarias en muchas ciudades que proclamaron su independencia, lo que equivalía a constituirse en cantones. Los protagonistas de los levantamientos cantonalistas eran artesanos, obreros, asalariados…, es decir,  clases populares que creyeron que el federalismo implicaba profundas reformas sociales. Ante la disyuntiva de tener que sofocar por las armas la revuelta, Pi y Margall dimitió y fue sustituido por Salmerón, quien dio plenos poderes al Ejército.

c)     Excepto en Cartagena, la intervención militar pudo acabar rápidamente con el cantonalismo y se inició un progresivo desplazamiento de la República hacia la derecha. Al mes y medio de su mandato, Salmerón dimitió al negarse a firmar, por problemas de conciencia, la pena de muerte para los líderes cantonalistas. Fue nombrado nuevo presidente Castelar, con quien se acentuó el conservadurismo de la República. Era partidario de un Estado fuerte e inmediatamente emprendió un programa para reforzarlo. Suspendió las sesiones parlamentarias y gobernó autoritariamente, apoyando a los sectores más conservadores y concediendo amplias atribuciones a los jefes militares para que mantuviesen el orden público. Este giro a la derecha hizo que los diputados de izquierda exigieran su dimisión en las Cortes, pero la sesión fue interrumpida por el golpe de Estado del general Pavía en enero de 1874: fuerzas de la Guardia Civil entraron en el Congreso y disolvieron las Cortes. El poder pasó a manos de una coalición de progresistas y unionistas con el general Serrano a la cabeza, que intentó estabilizar una República conservadora, pero que en realidad era una dictadura militar de transición hasta la restauración alfonsina. En 29 de diciembre de 1874, un pronunciamiento militar del general Martínez Campos proclamaba rey de España a Alfonso XII, hijo de la destronada Isabel II. Finalizaba así la primera experiencia republicana de la historia de España.

 

Los problemas de la República.

–        El conflicto carlista, que llegó a convertirse en una verdadera guerra con ejércitos enfrentados a las tropas gubernamentales, incapaces de poner fin al enfrentamiento, que se prolongó hasta 1876.

–        La prolongación de la guerra de Cuba, iniciada en 1868, que la República no supo solucionar, entre otros motivos porque las autoridades y funcionarios españoles en la isla actuaron al margen del poder central.

–        El movimiento cantonalista.

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