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Tema 5. Reinado de Isabel II (1843-1868)

4 noviembre, 2011

 TEMA 5.       EL REINADO DE ISABEL II  (1843-1868).

 

  1. Introducción.

El largo reinado de Isabel II (1843-1868) supuso la definitiva estabilización del sistema liberal y la construcción de un Estado liberal destinado a durar mucho tiempo. Se caracterizó por la continua rotación de gobiernos sin que ello implicara cambios profundos, pues durante la mayor parte del reinado quien gobernó fue el liberalismo moderado. En conjunto, este período presenta una serie de características comunes que se mantuvieron invariables a lo largo de veinticinco años:

– La permanencia de la monarquía liberal de tendencia conservadora, plasmada en la Constitución moderada de 1845 que estuvo en vigor durante todo el período, salvo unos meses de 1856. Esta Constitución establecía un régimen basado en la participación política exclusiva de una oligarquía de propietarios miembros de la vieja aristocracia y de la burguesía agraria, mercantil industrial y financiera, además de los sectores más pudientes de las profesiones liberales, altos mandos del ejército y funcionarios de alto nivel. El sufragio restringido excluía al resto del país. Por otro lado, era un régimen de gobiernos autoritarios defensores del orden y de una Monarquía fuerte, con un sistema bicameral que limitaba la tendencia a las reformas profundas y restringía las libertades individuales y colectivas.

 

-La Reina apoyó siempre a los sectores más conservadores y se alineó con el moderantismo lo que, unido a su incapacidad para conectar con el país, provocará su alejamiento del pueblo y la caída de la Monarquía en 1868.

 

– La presencia permanente de los militares entre los gobernantes del país: Narváez, Espartero, O´Donnell, etc.  Las causas se encuentran tanto en la mitificación del militar victorioso en un país que había pasado medio siglo en guerra, como en la debilidad de un sistema parlamentario en el que los partidos eran grupos de presión  que sólo luchaban por ejercer el poder sin respetar el juego parlamentario, de manera que recurrían a los militares para llegar al gobierno mediante el pronunciamiento. Además, muchos políticos creían que la presencia de un militar en el ejecutivo garantizaba mejor un gobierno fuerte y el mantenimiento del orden. De hecho, los militares garantizaban  al Estado liberal tanto frente a los carlistas como frente a la revolución. Sin embargo, los militares participaron en política a título individual, como líderes de los partidos, y no como jefes del ejército, aunque se sirvieran de él para acceder al poder. Acostumbraron a la sociedad española a una permanente confusión entre su papel militar y político, siendo habitual su intervención mediante el pronunciamiento. Los mismos políticos civiles acudieron a la conspiración militar y fomentaron la inestabilidad del régimen.

 

–  Presencia exclusiva en la vida parlamentaria de partidos burgueses: moderados, progresistas, Unión Liberal (centro) y partido demócrata. Al margen quedaban republicanos y grupos ilegales. Pero en la práctica, sólo moderados y progresistas se repartieron los gobiernos a lo largo del reinado.

–        El partido moderado representaba los intereses de los grandes propietarios, especialmente de los terratenientes. Rechazaba la soberanía nacional y postulaba la soberanía compartida: el poder legislativo debía residir en la Cortes y en Rey. Propugnaba unas Cortes bicamerales, con un Senado elitista elegido por la Corona para frenar los impulsos reformistas del Congreso;  defendía unos poderes locales controlados por el Rey, quien debería elegir a los alcaldes, y un sufragio muy restringido que permitiera a la oligarquía monopolizar la participación en la vida política. Además, era partidario de una legislación favorable a los intereses de los terratenientes: predominio de los impuestos indirectos sobre los directos, proteccionismo ante los productos extranjeros, educación basada en la moral católica y, sobre todo, la defensa del “orden”, entendido como absoluta prohibición  de cualquier opinión o acción que atentara contra la base del régimen. Por tanto, limitaron los derechos individuales y colectivos: prensa, opinión, reunión y asociación. En realidad, el partido formaba un grupo muy limitado (terratenientes, burgueses, nobles…) sin apoyo popular, cuya acción cotidiana se centraba en la vida parlamentaria, en el gobierno, en la administración y en la prensa, esta última esencial para dominar la opinión pública.

–        El partido progresista representaba, dentro de la defensa de la Monarquía liberal, la tendencia reformista y los intereses de la burguesía financiera e industrial, más que de la terrateniente. Defendía la soberanía nacional, de manera que el poder legislativo debía corresponder exclusivamente a las Cortes; quería un poder ejecutivo fuerte representado por la Corona y el gobierno, pero sometido al control de las Cámaras; era partidario de las Cortes bicamerales, pero con un Senado electivo y renovable; defendía que lo poderes locales fueran elegidos por el pueblo y que existiera un sufragio más amplio, aunque censitario. Se apoyaba en las clases medias urbanas: comerciantes, pequeños industriales, empleados públicos, profesionales liberales, oficiales del Ejército, etc. Estos sectores rechazaban los cambios revolucionarios y querían evitar verse mezclados con las capas populares (obreros y campesinos). Eran partidarios de la libertad de opinión y de expresión y de la propiedad privada, pero no lo eran tanto de los derechos colectivos (reunión, asociación y huelga), que les atemorizaban al relacionarlos con la clase trabajadora. Desde el punto de vista económico reclamaban una legislación que permitiera el desarrollo del comercio y la industria: ferrocarriles, obras públicas, banca, desamortizaciones, predominio de los impuestos directos, etc. Defendían el librecambismo, por lo que los industriales catalanes se alinearon con los moderados por temor a la competencia de los productos ingleses. Actuaban más en la calle que los moderados a través de tertulias y sociedades secretas. Para acceder al poder recurrían al pronunciamiento, a la formación de Juntas revolucionarias y a la movilización popular. Pero los campesinos y obreros quedaron decepcionados cuando desde 1854 el gobierno progresista apoyó los intereses de los patronos. Desde entonces, los trabajadores se distanciaron del progresismo y se inclinaron hacia el partido demócrata o el republicano.

 

–  La exclusión de la vida política de la gran mayoría del país, campesinos y trabajadores urbanos. Además de marginados, fueron empeorando sus condiciones de vida: los campesinos perdieron las tierras comunales a raíz de la desamortización y pasaron a ser jornaleros o arrendatarios empobrecidos; los obreros trabajaban en condiciones infrahumanas y vivían en barrios marginales de las ciudades. Frente a esta situación, el gobierno respondió reprimiendo violentamente las protestas, manifestaciones y huelgas de los grupos populares, prohibiendo sus asociaciones o incluso ejecutando a los dirigentes obreros. Fueron penetrando las ideas socialistas y apareció el movimiento obrero, sobre todo a finales del reinado.

 

  1. La Década moderada (1844-1854). La Constitución de 1845.

Tras las elecciones de 1844 que dieron la mayoría a los moderados y con el general Narváez –auténtico hombre fuerte del período- como jefe de gobierno, se inició la Década moderada.

a)     La Constitución de 1845.

En un principio las Cortes se propusieron reformar la Constitución de 1837, pero en realidad acabaron elaborando un texto nuevo de carácter claramente conservador, cuyas características básicas son:

–        El principio de soberanía compartida: el poder legislativo recae conjuntamente en las Cortes y en el Rey. Esto supone el rechazo de la soberanía nacional.

–        Amplía los poderes del Rey y limita los de las Cortes. La Corona tiene poder para disolver el Congreso, para nombrar al Senado y para nombrar a los ministros.

–        El Senado está compuesto por miembros vitalicios nombrados por la Corona entre las altas categorías de la nobleza, la Iglesia, el Ejército, la Administración y quienes poseyeran grandes fortunas. Es una Cámara que sirve para frenar las posibles reformas radicales del Congreso.

–        Establece una declaración de derechos muy teórica, concretada a través de la legislación ordinaria, que durante el periodo moderado tenderá a limitarlas.

–        Reconoce a la religión católica como la exclusiva del Estado, por lo que éste se compromete a mantener el culto y el clero.

–        Ayuntamientos y Diputaciones quedaron sometidos al poder central, siendo los alcaldes de los municipios y los presidentes de las diputaciones elegios por el Rey.

–        Quedó suprimida la Milicia Nacional.

–        Las elecciones quedaron reguladas a través de una Ley Electoral que estableció un sufragio censitario muy restringido.

 

b)  Las reformas.

Por otro lado, la Década moderada significó la introducción de una serie de reformas encaminadas a establecer un estricto orden público -las libertades quedaron claramente mermadas-, un Estado liberal de carácter centralista y uniformista, y una Hacienda caracterizada por el establecimiento de unos impuestos únicos. Entre las medidas adoptadas cabe destacar:

–        La Ley de Imprenta:  restringió la libertad de publicar y estableció la censura de la prensa, que quedó bajo el control del gobierno.

–        La reforma administrativa.- Ya en 1833 se había creado una nueva administración provincial. Ahora se reforzó  una estructura centralista con el fortalecimiento de los gobernadores civiles, los jefes de la administración provincial que representaban al gobierno y que adquirieron amplias responsabilidades. También existía una Diputación Provincial. Por otro lado, se puso al poder municipal bajo el control del poder central, de manera que los alcaldes serían nombrados por la Corona o por el Gobernador Civil. De esta manera quedó establecida una administración centralista, contraria a los principios descentralizadores de los progresistas. Sólo el País Vasco y Navarra conservaron sus antiguos fueros, aunque con algunas limitaciones.

–        Siguiendo el principio de uniformización, se disolvió la antigua Milicia Nacional , fuerza de choque de los progresistas  vinculada a los municipios, y se creó la Guardia Civil  (1844), un cuerpo armado con finalidades civiles pero con estructura militar, encargado sobre todo de mantener el orden público y de vigilar la propiedad privada, sobre todo en el medio rural.

–        También se abordó la unificación jurídica y se aprobó, para ello, el Código Penal.

–        Otra medida centralizadora fue la regulación del sistema de instrucción pública  basado en la creación de diferentes niveles de enseñanza y en la elaboración de los planes de estudio.

–        Fue también importante la reforma de la Hacienda, que eliminó el viejo sistema fiscal y refundió los numerosos impuestos existentes en cuatro tributos esenciales: tres directos ( territorial, industrial y de comercio) y los consumos o impuestos indirectos que encarecían los productos de uso diario, motivo por el que originaron importantes protestas entre las capas populares. Este sistema fiscal se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX.

 

c)  El Concordato con la Santa Sede.

Los moderados consiguieron restablecer las relaciones con Roma, muy deterioradas sobre todo a raíz de la desamortización de los bienes eclesiásticos. En 1851 el gobierno firmó un Concordato que normalizó las relaciones entre el Estado y la Iglesia Católica. El Concordato incluía la aceptación por parte de Roma de las ventas de bienes desamortizados ya realizadas, así como el reconocimiento de la monarquía isabelina (hasta entonces había mantenido una postura dubitativa entre ésta y los carlistas). Además, el Estado se comprometió a restituir a la Iglesia los bienes no vendidos y a financiar el culto y el clero con cargo a los presupuestos públicos. El Concordato también regulaba la intervención del Estado en los nombramientos de obispos: Roma elegiría a uno de entre los propuestos por el gobierno.

 

  1. El Bienio progresista (1854-1856).

 

a)     La toma del poder.

El Bienio progresista comenzó con la revolución de 1854, que en realidad no fue más que un golpe de Estado que triunfó gracias al apoyo popular. La política excesivamente conservadora del gobierno y la corrupción política provocaron el levantamiento de los progresistas y de algunos sectores moderados mediante la fórmula del pronunciamiento. El general O´Donnell se enfrentó a las tropas gubernamentales en Vicálvaro  (La Vicalvarada), pero no tuvo éxito y se replegó hacia el Sur. Entonces los rebeldes publicaron una proclama, el llamado Manifiesto de Manzanares, que contenía promesas progresistas, con lo que  consiguieron el respaldo de los sectores populares que protagonizaron diversos levantamientos por todo el país. Gracias a la revolución popular el golpe de Estado triunfó y la Reina se vio obligada a entregar el poder al viejo general Espartero, el progresista más destacado del momento. O´Donnell quedó como ministro de la Guerra.

 

b)     Las reformas progresistas.

–        Los progresistas actuaron en defensa fundamentalmente de los intereses de la burguesía urbana y de las clases medias. Vieron la necesidad de elaborar una nueva Constitución que impusiera los principios del progresismo: soberanía nacional, Senado electivo, autonomía municipal, libertad de imprenta… Aunque la Constitución se elaboró, nunca entró en vigor y se mantuvo la de 1845.

–        La labor principal del progresismo no fue la elaboración de esta Constitución, sino la adopción de una serie de medidas económicas que fueron trascendentales de cara al futuro:

. Ley de Desamortización General de 1855, conocida como Desamortización Madoz por ser éste el ministro de Hacienda que la promovió (se verá en otro tema más detenidamente). Declaraba la venta en subasta pública de las propiedades del Estado, de la Iglesia y los bienes de propio de los municipios.

.    Ley General de Ferrocarriles de 1855. Tenía el objetivo de promover, mediante subvenciones y ventajas fiscales, la construcción de la red ferroviaria hasta entonces casi inexistente.

.     Ley de Sociedades Bancarias. Se hizo para atraer capitales extranjeros y para favorecer el crédito.

 

–        El Bienio se desarrolló en un clima de permanente conflictividad social a causa

del alza de precios, de las malas cosechas y también por las tensiones entre patronos y obreros (estamos en los inicios del movimiento obrero). Las movilizaciones populares llegaron a crear un clima de inestabilidad que acabó provocando una grave crisis en el gobierno: Espartero dimitió y la Reina confió el gobierno a O´Donnell. Los grupos radicales interpretaron esto como un golpe palaciego y se opusieron el nuevo gobierno, pero O´Donnell reprimió duramente las protestas. Finalizaba así la experiencia progresista.

–        Durante el Bienio apareció una nueva fuerza política, la Unión Liberal, compuesta por moderados aperturistas cansados de la corrupción y del conservadurismo de su partido, y por progresistas cercanos al moderantismo. Era una especie de partido de centro entre el moderado y el progresista que supo captar hombres de prestigio como el general O´Donnell. A lo largo del Bienio  fue creciendo la influencia de la Unión Liberal y se fue perfilando como una alternativa al progresismo.

–        También surgieron nuevas corrientes políticas a la izquierda del progresismo: la demócrata y la republicana, dentro de las que se encuadran las tendencias emergentes del socialismo y el federalismo. Además, el movimiento obrero, que había surgido ya en la Década moderada, creció y cobró fuerza ensayando sus primeros movimientos huelguísticos.

 

  1. Primer periodo de la Unión Liberal (1856-1863).

La Unión Liberal, liderada por O´Donnell, fue el partido que controló la vida política en los doce años que van  desde 1856 a la revolución de 1868. Se trataba de un partido conservador y amante del orden que contaba con el respaldo de la burguesía y de la mayor parte de los terratenientes, pero con la oposición de demócratas y republicanos, que actuaban fuera de las Cortes.

En 1856, tras un breve periodo de gobierno de O´Donnell, Isabel II encargó la formación de un nuevo gobierno al general Narváez, que lo mantuvo hasta 1858. Narváez llevó a cabo una política claramente conservadora: interrupción de la desamortización, anulación de la libertad de imprenta, restablecimiento de los consumos, etc. Contó con el apoyo de la Reina, claramente identificada con la vertiente más reaccionaria del partido moderado, pero en 1858 optó por entregar de nuevo el gobierno al general O´Donnell debido al talante represivo de Narváez que hizo que éste perdiera el apoyo de las Cortes.

Con el gobierno de O´Donnell comienza el llamado Gobierno Largo de la Unión Liberal, caracterizado por una cierta estabilidad dado que en las Cortes contó con una amplia mayoría y dada la prosperidad económica de esos momentos. Fue la etapa dorada de la construcción ferroviaria, de la expansión de la industria textil catalana y de los altos hornos de Vizcaya y Asturias.

Los unionistas llevaron a cabo una política exterior agresiva para desviar la atención de los problemas internos y para fomentar la conciencia nacional y patriótica. Se desarrollaron varias acciones:

–        Una expedición hispano-francesa a Indochina que respondía a la intención de Francia de adquirir una colonia en el sureste asiático, pero que no reportó nada para España.

–        Una guerra contra Marruecos (1859-1860) con el pretexto de la defensa de Melilla, pero que obedecía realmente a un intento de expansión colonial en el Norte de África. Como resultado, España obtuvo el territorio de Sidi-Ifni y amplió el de las plazas de Ceuta y Melilla.

–        La tercera aventura fue la intervención en una expedición a México de 1862 emprendida junto con franceses e ingleses para castigar a este país por el impago de la deuda.

En conjunto, la actuación española no fue más que un alarde militar y un intento de recuperar prestigio internacional. En estas expediciones adquirió gran reconocimiento el general Prim, líder de los progresistas, que a partir de 1863 comenzará a conspirar contra Isabel II.

 

  1. La crisis del final del reinado y el agotamiento del moderantismo (1863-1868).

A partir de 1863 comenzó la descomposición de la Unión Liberal debida a la falta de objetivos políticos y al desgaste del ejercicio del poder. Demócratas, republicanos y parte de los progresistas comenzaron a reclamar un cambio de régimen y a poner en cuestión a la propia Reina.

Incapaz de hacer frente a la oposición política y a la crisis económica que empezaba, O´Donnell presentó su dimisión en 1863 y en 1864 Narváez, nuevamente, se hace cargo del gobierno. Hasta 1868 gobernó de forma autoritaria, al margen de las Cortes y de todos los grupos políticos, llegando a ejercer una dura represión. También se mostró incapaz de mejorar la situación económica y la crisis se fue agravando: paralización de las construcciones ferroviarias, falta de inversiones, caída de la producción textil catalana, hundimiento del mercado, etc. A ello hay que sumar el clima de descontento político motivado por su autoritarismo, lo que dio lugar a:

–        Protestas estudiantiles por la expulsión de catedráticos de la Universidad. Acabaron en un enfrentamiento abierto con las fuerzas del orden y hubo nueve muertos y cientos de heridos ( la matanza de la noche de San Daniel) el 10 de abril de 1865.

–        Sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil en 1866, que se saldó con 60 muertos y varios centenares de heridos y deportados. Más tarde, 66 miembros del ejército fueron fusilados por rebelión. Tras esta dura represión vino una ola de protestas por todo el país ante las que se respondía con medidas represivas: se suspendieron las Cortes, se cerraron periódicos, se persiguió a la oposición, etc.

–        En 1866 progresistas, demócratas y republicanos firmaron el Pacto de Ostende. Se trataba de un programa para destronar a Isabel II, a quien consideraban culpable de la situación, y para promover luego una convocatoria a Cortes constituyentes por sufragio universal. En 1867, tras la muerte de O´Donnell, los unionistas se sumaron al pacto. En 1868 se produjo la revolución triunfante y así finalizó el reinado de Isabel II.

 

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