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Tema 2. Las Cortes de Cádiz

28 septiembre, 2011

TEMA 2.       LA REVOLUCIÓN LIBERAL EN ESPAÑA: LAS CORTES DE

                       CÁDIZ. ANÁLISIS Y VALORACIÓN DE LA CONSTITUCIÓN DE  

                       1812 Y DE LA OBRA DE LOS LEGISLADORES GADITANOS.

 

  1. Introducción.

En el periodo que va desde 1808 a 1814 no sólo se vivió un conflicto bélico (guerra de la Independencia), sino que al mismo tiempo se produjo la revolución liberal en España. Ambos procesos (guerra y revolución) son paralelos, y se puede considerar que fue la guerra la que propició la revolución. La otra cara de la guerra fue la labor de las Cortes de Cádiz, que pretendían realizar una revolución liberal mientras parte de la sociedad se enfrentaba a los franceses.

  1. La formación de la Junta Central.

     El vacío de poder originado por la salida del rey desencadenó un proceso de creación de unas instituciones nuevas, surgidas de abajo a arriba: las Juntas. Su origen se encuentra en el nombramiento de una Junta de Gobierno por parte de Fernando VII cuando acudió a Bayona. En ella quedó depositada la soberanía que, dadas las circunstancias, no fue capaz de ejercer. Entonces, ante la pasividad de las autoridades españolas frente a los acontecimientos, se fue produciendo un deslizamiento de la soberanía hacia el propio pueblo, el cual asumió su responsabilidad mediante la creación de una serie de Juntas, cuya única legitimidad era la voluntad del pueblo que las elegía. Por todas partes proliferaron estas Juntas: Zaragoza, Sevilla, Valencia, Soria, etc. Pronto se impuso la necesidad de coordinar a la Juntas Locales y a la Juntas Provinciales mediante la creación de una Junta Central que coordinase el esfuerzo bélico y al mismo tiempo mantuviese viva la conciencia de unidad nacional. Estaba compuesta por 35 miembros y su presidente era el conde de Floridablanca, quien representaba una postura conservadora. Pero su miembro más destacado fue Gaspar Melchor de Jovellanos, político y escritor de talante reformista moderado, que proponía la creación de una Monarquía parlamentaria. El resto de los componentes de la Junta Central carecía de experiencia en las tareas de gobierno. La mayoría era partidaria de realizar reformas para regenerar al país.

  1. El camino hacia las Cortes.

     En el seno de la Junta se formuló la idea de reunir a las Cortes, no sólo para coordinar la acción contra los franceses, sino para reformar políticamente al país. Desde finales de 1809 la Junta tuvo que refugiarse en Sevilla y desde allí se trasladó a San Fernando donde sus miembros dimitieron y nombraron  una regencia formada por cinco personas encargadas de organizar la reunión de Cortes. También tuvo que decidir la forma en que debían elegirse los diputados, pues la ocupación de muchas ciudades por los franceses impedía esa elección. En este caso, se optó por designar suplentes entre los españoles procedentes de aquellos territorios que hubiesen acudido a Cádiz para encontrar refugio. Cádiz era el lugar idóneo: era una ciudad cosmopolita, de espíritu democrático e inexpugnable para una ejército que no dispusiera de una flota. En efecto, el ejército de Napoleón tuvo que limitarse a bombardear la ciudad desde el otro lado de la bahía.

  1. Los diputados.

     No es fácil determinar ni el número ni el perfil social e ideológico de los representantes reunidos en las Cortes. La sesión inicial contó sólo con la presencia de 95 diputados, de los que más de la mitad eran suplentes. Pero el número fue aumentando, de tal manera que la Constitución de 1812 llevaba la firma de 184 diputados, en tanto que el acta de disolución de 1813 estaba firmada por 223. Es posible que la cifra teórica de 240 diputados (uno por cada 50.000 habitantes) nunca se completara.

Resulta complicado establecer una clasificación socio-profesional de los diputados, aunque podemos concluir que aproximadamente un tercio del total eran eclesiásticos (un número muy elevado, por tanto). Les siguen los abogados (18 %), siendo el resto militares, funcionarios, algunos nobles y unos pocos comerciantes. No hay ni artesanos, ni trabajadores ni campesinos. Es decir, las masas populares carecían de representación. En definitiva, parece que fueron las clases medias urbanas con formación intelectual las principales protagonistas de las Cortes de Cádiz.

También es posible realizar una clasificación ideológica. La más simple consiste en distinguir entre absolutistas, enemigos de las reformas, y liberales, partidarios de realizar cambios radicales. Hay una serie de liberales claramente influidos por los pensadores políticos franceses del s. XVIII,  Rousseau o Montesquieu.            

     La tarea que los diputados llevaron a cabo durante la reunión de las Cortes de Cádiz fue inmensa, aunque no toda su labor consistió en la aprobación de reformas. De los más de 400 decretos expedidos, sólo un centenar está destinado a las reformas política, social y económica. El resto son decisiones de administración normal para un país que estaba en guerra.

  1. Las reformas políticas. La Constitución de 1812.

En las primeras sesiones los debates se centraron sobre las grandes cuestiones. Se discutió sobre la soberanía nacional, que quedó depositada en las Cortes, y también sobre la libertad de imprenta, ante la cual los conservadores presentaron una gran resistencia. Pese a ello, se aprobó un decreto por el que se establecía que “todos los cuerpos y personas particulares, de cualquier condición y estado que sean, tienen libertad de escribir, imprimir y publicar sus ideas políticas”. Quedaba así suprimida la censura para los escritos políticos y reconocida la libertad de expresión.

Pero la decisión más importante de carácter político fue la aprobación de una Constitución. El proyecto comenzó a discutirse en el seno de una comisión de la que formaban parte 3 diputados americanos y 10 peninsulares. Elaborado el proyecto, éste pasó a la Cortes para su discusión siendo aprobado en marzo de 1812. El 19 del mismo mes fue proclamada, pasando a convertirse en el documento fundacional del liberalismo español. “La Pepa”, como se la conoce popularmente, se convirtió en una especie de símbolo que ha permanecido vivo a lo largo de la historia constitucional española. Sin embargo, en 1814 fue suprimida, y luego proclamada de nuevo durante el Trienio Liberal (1820-1823). Más tarde, estuvo en vigor durante unas semanas de 1836.

Su carácter efímero viene determinado por su excesivo teorismo. Además, es rígida y cerrada, y no permite ningún cambio ni alteración posterior.

               Entre lo más destacable de la Constitución se encuentra:

–    La definición de nación como la reunión de una serie de personas, es decir, son los diputados los representantes de la nación.

–      En cuanto a la administración, queda claramente establecido el carácter centralista y unitario del Estado.

–      Se proclama la soberanía nacional en detrimento del rey (ya no es el soberano).

–      Declara como única religión de los españoles la católica, por lo tanto España es un Estado confesional.

–    Se regula con mucha precisión cómo deben llevarse a cabo las elecciones por sufragio universal masculino indirecto. Para ser elegido diputado se requiere ser propietario.

–      Establece la monarquía parlamentaria basada en la división de poderes:

 – El poder legislativo reside en las Cortes, compuestas por una sola cámara (sistema

unicameral).

– El rey es la cabeza del  poder ejecutivo, es  quien  nombra y cesa a los ministros y

quien dirige el gobierno.

– El poder judicial, que recae en los tribunales de justicia, goza de independencia.

–       Quedó también recogida la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.

  1. Las reformas sociales.

Fueron muy importantes y estuvieron basadas en los principios de libertad, igualdad y propiedad. Las Cortes configuraron una sociedad teóricamente igualitaria, pero en la práctica diferenciada en lo económico, al ser la posesión de riqueza y no la sangre, como en la sociedad estamental, la que determinaba el lugar que cada uno ocupaba en la sociedad.

La más importante de las reformas sociales fue la llamada “ley de señoríos”, que establecía la supresión del régimen señorial y suponía una transformación radical de la estructura social que durante siglos había mantenido una discriminación basada en los privilegios. Los señoríos jurisdiccionales quedaron incorporados a la nación, mientras que los señoríos territoriales fueron convertidos en propiedad particular. Sin embargo, no cuajó el intento de extinguir los mayorazgos.

También se adoptaron medidas desamortizadoras respecto a los bienes de las órdenes religiosas cuyos conventos quedaban suprimidos cuando tuvieran menos de doce monjes.

El mayor debate relativo a la Iglesia se centró en la supresión de la Inquisición, finalmente aprobada en 1813. Este tribunal simbolizaba el poder opresor y represivo de las libertades.

    7.      Reformas económicas.

El espíritu que presidía estas reformas era doble: por una parte se pretendía eliminar los obstáculos que impedían el desarrollo económico, y por otra se deseaba crear una nueva estructura tributaria que eliminara la del Antiguo Régimen, basada en los privilegios fiscales de la nobleza y el clero.

Respecto a lo primero, se aprobó una ley agrícola por la que se autorizaba a los agricultores a cercar sus cultivos, hasta entonces abiertos para que el ganado pudiese aprovechar los rastrojos. Se estableció la libertad de cultivos, de venta y de transporte de los productos del campo. Al mismo tiempo, una ley de industria daba la libertad para establecer fábricas sin ningún tipo de trabas, lo cual implicaba la derogación de las ordenanzas gremiales y el fin del sistema gremial. Por último, una ley ganadera suprimió los derechos de la Mesta.

En lo referente a las reformas de la Hacienda, se estableció que:

–         Los impuestos directos sustituyeran a los indirectos.

–         Los impuestos se aplicaran sobre la propiedad territorial, sobre la industria y sobre el comercio.

–         Se suprimieran las aduanas.

Todas estas medidas implicaban el encumbramiento de la burguesía, mientras que los estamentos privilegiados eran los más perjudicados. Pero la gran tragedia de estas reformas es que tardaron mucho en aplicarse, ya que el regreso de Fernando VII al acabar la guerra significó una vuelta a los principios del Antiguo Régimen y la disolución por decreto del  rey de las Cortes.

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