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Textos del tema 1

15 septiembre, 2011

Informe de Floridablanca sobre la necesidad de establecer una “cordón sanitario” (1791)

 

            El incendio de Francia va creciendo, y puede propagarse como la peste, hallando dispuesta la materia en los pueblos de la frontera. El Obispo de Urgel me escribe con temores grandes de los muchos franceses que reintroducen por aquella parte sembrando máximas de libertad que agradan a todos los hombres. De Bilbao y parte de Navarra tengo iguales noticias. La necesidad de formar un cordón contra esta peste estrecha más y más cada día, y es preciso arrimar puntos de la Raya todas las tropas disponibles. Sino hubiese bastante infantería se podrá hacer pasar la Caballería y Dragones; y en caso de necesidad se deberá echar mano de los Granaderos y Cazadores de Milicias

Real Orden de 15 de julio de 1792

Con motivo de haber dado noticia a la vía reservada de Hacienda los Administradores de las Aduanas de Sevilla, Cádiz y Agreda de haber llegado a ellas varias remesas de libros franceses, preguntando lo que deberían ejecutar (…) he resuelto que se observen las anteriores órdenes (…):

1.      Que todas las brochuras o papeles impresos o manuscritos que traten de las revoluciones y nueva Constitución de Francia desde su principio hasta ahora, luego que lleguen a las Aduanas, se remitan por los Administradores de ellas directamente al Ministerio de Estado (…).

2.      Que todos los libros en lengua francesa, que lleguen a las aduanas de las fronteras y puertos con destino a Madrid, se remitan (…) al Gobernador del Consejo, para que haciéndolos reconocer, se de el pase a los que fueren corrientes, deteniendo los sediciosos, y que traten de las revoluciones de Francia.

 El proceso de El Escorial (noviembre de 1807)

 Don Fernando de Borbón, Príncipe de Asturias, pide perdón a Carlos IV, su padre:

Señor: Papá mío: he delinquido, he faltado a V.M. como rey y como padre; pero me arrepiento y ofrezco a V.M. la obediencia más humilde. Nada debía hacer sin noticia de V.M.; pero fui sorprendido. He delatado a los culpables, y pido a V.M. me perdone por haberle mentido la otra noche, permitiendo besar sus reales pies a su reconocido hijo.

Fernando. San Lorenzo, 5 de noviembre de 1807.

Carta de Carlos IV a Napoleón en relación con los sucesos de Aranjuez

Señor, mi hermano: V.M. sabrá sin duda con pena los sucesos de Aranjuez y sus resultas, y no verá con indiferencia a un rey que, forzado a renunciar a la corona, acude a ponerse en los brazos de un gran monarca, aliado suyo, subordinándose totalmente a la disposición del único que puede darle su felicidad, la de toda su familia y la de sus fieles vasallos.

Yo no he renunciado a favor de mi hijo sino por la fuerza de las circunstancias, cuando el estruendo de las armas y los clamores de una guardia sublevada me hacían conocer bastante la necesidad de escoger la vida o la muerte, pues ésta última seguido después de la de la reina.

Yo fui forzado a renunciar; pero asegurado ahora con plena confianza en la magnanimidad y el genio del gran hombre que siempre ha mostrado ser amigo mío, yo he tomado la resolución de conformarme con todo lo que este mismo grande hombre quiera disponer de nosotros y de mi suerte, la de la Reina y la del Príncipe de la Paz.

Dirijo a V.M.I. una protesta contra los sucesos de Aranjuez y contra mi abdicación. Me entrego y enteramente confío en el corazón y amistad de V.M. con lo cual ruego a Dios que os conserve en  su santa y digna guardia.

De V.M.I. su rey afecto hermano y amigo. Carlos.

Las Abdicaciones

 

   De Fernando VII a Carlos, en Bayona.

“Mi venerado padre y señor: Para dar a V.M. una prueba de mi amor, de mi obediencia y de mi sumisión (…) renuncio a mi corona a favor de vuestra majestad, deseando que vuestra Majestad pueda disfrutarla durante muchos años (…)”.

  De Carlos a Napoleón, en Bayona.

“Su Majestad el rey Carlos que no ha tenido en toda su vida otra mira que la felicidad de sus vasallos ha resuelto ceder como cede por el presente todos sus derechos al trono de España y de las Indias a Su Majestad al emperador Napoleón como el único que, en el estado en el que han llegado las cosas, puede establecer el orden; entendiéndose que dicha cesión solo ha de tener efecto para hacer gozar a sus vasallos de las condiciones siguientes: 1º La integridad del reino será mantenida (…) 2º La religión católica, apostólica y romana será la única de España (…).”

La destitución de Godoy en 1808 

«Bando: Por Real Orden comunicada en la tarde de este día por el Excelentísimo Señor Marqués Caballero al Ilustrísimo Señor Gobernador Interino del Consejo se participa a éste, que el Rey nuestro Señor se ha servido autorizar al Príncipe de Asturias nuestro Señor, para que forme y sustancie conforme a derecho, causa a don Manuel Godoy, ya preso. Y el Consejo, enterado de ello en la posada de S.I., ha acordado se anuncie al Público esta orden de S.M. con otra, en que manifiesta que los bienes y efectos existentes en las casas que habitó en esta Corte dicho don Manuel Godoy pertenecen a S.M.; para que confiado en su justicia y la del Consejo este pueblo se tranquilice, como lo espera de su lealtad; y que todos se retiren a sus casas inmediatamente…

Madrid, 19 de marzo de 1808.»

La proclama de Murat ante el levantamiento del 2 de mayo

 

«Soldados: mal aconsejado el populacho de Madrid, se ha levantado y ha cometido asesinatos; bien sé que los espa­ñoles, que merecen el nombre de tales, han lamentado tama­ños desórdenes, y estoy muy distante de confundir con ellos a unos miserables que sólo respiran robos y delitos. Pero la sangre francesa vertida clama venganza. Por tanto, mando lo siguiente:

[…] Art. 2°. Serán arcabuceados todos cuantos durante la rebelión han sido presos con armas.

Art. 3°-. La junta de gobierno va a mandar desarmar a los vecinos de Madrid. Todos los moradores de la corte que anden con armas o las conserven en sus casas sin licencia especial, serán arcabuceados.

Art. 4°-. Todo corrillo que pase de ocho personas, se repu­tará reunión de sediciosos y se disparará a fusilazos.

Art. 5°-. Toda villa o aldea donde sea asesinado un fran­cés, será incendiada.

Art. 7°-. Los autores de libelos impresos o manuscritos, que provoquen a la sedición… serán pasados por las armas.

Dado en nuestro cuartel general de Madrid a 2 de Mayo de 1808. Firmado, Joaquín Murat.»

Manifiesto de la Junta Suprema de Sevilla (3 de agosto de 1808)

 

«La defensa de la Patria y del Rey, la de las Leyes, la de la Religión, la de los derechos todos del hombre, atropellados y violados de una mane­ra que no tiene exemplo por el Emperador de los Franceses Napoleón I, y por sus tropas en España, forzó a la Nación toda a tomar las armas, y a elegirse una forma de gobierno; y en la angus­tia y estrechez en que la pusieron los Franceses, como por una inspiración del Cielo, que casi puede reputarse por milagro, todas o casi todas las provincias crearon Juntas Supremas, se entre­garon a ellas, y pusieron en sus manos los dere­chos y la suerte última de España.

Los efectos hasta ahora han correspondido felizmente a los designios que se tuvieron en su creación. Las Provincias se han armado; algunas han formado exércitos numerosos…, todas o casi todas han peleado y pelean contra los Franceses y por su Rey y Sr. Fernando VII, con un valor y una constancia, de los quales ni Grecia, ni Roma, ni ninguna otra Nación del mundo ha tenido idea.

Constitución de Bayona

CONSTITUCION DE BAYONA DE 1808
En el nombre de Dios Todopoderoso: Don José Napoleón, por la gracia de Dios, Rey de
las Españas y de las Indias:
Habiendo oído a la Junta nacional, congregada en Bayona de orden de nuestro muy caro y
muy amado hermano Napoleón, Emperador de los franceses y Rey de Italia, protector de la
Confederación del Rhin, etc.
Hemos decretado y decretamos la presente Constitución, para que se guarde como ley
fundamental de nuestros Estados y como base del pacto que une a nuestros pueblos con
Nos, y a Nos con nuestros pueblos.
TÍTULO 1
DE LA RELIGIÓN
Artículo 1.
La religión Católica, Apostólica y Romana, en España y en todas las posesiones españolas,
será la religión del Rey y de la Nación, y no se permitirá ninguna otra.
TÍTULO II
DE LA SUCESIÓN DE LA CORONA
Artículo. 2.
La Corona de las Españas y de las Indias será hereditaria en nuestra descendencia directa,
natural y legítima, de varón en varón, por orden de primogenitura y con exclusión perpetua
de las hembras.
En defecto de nuestra descendencia masculina natural y legítima, la Corona de España y de
las Indias volverá a nuestro muy caro y muy amado hermano Napoleón, Emperador de los
franceses y Rey de Italia, y a sus herederos y descendientes varones, naturales y legítimos o
adoptivos.
En defecto de la descendencia masculina, natural o legítima o adoptiva de dicho nuestro
muy caro y muy amado hermano Napoleón, pasará la Corona a los descendientes varones,
naturales legítimos, del príncipe Luis-Napoleón, Rey de Holanda.
En defecto de descendencia masculina natural y legítima del príncipe Luis-Napoleón, a los
descendientes varones naturales y legítimos del príncipe Jerónimo-Napoleón, Rey de
Westfalia….

Esta designación del Rey se presentará a las Cortes para su aprobación.
Artículo 3
La Corona de las Españas y de las Indias no podrá reunirse nunca con otra en una misma
persona.
Artículo 4.
En todos los edictos, leyes y reglamentos, los títulos del Rey de las Españas serán: D. N…,
por la gracia de Dios y por la Constitución del Estado, Rey de las Españas y de las Indias.

TÍTULO III
DE LA REGENCIA
Artículo 8.
El Rey será menor hasta la edad de diez y ocho años cumplidos. Durante su menor edad
habrá un Regente del reino
Artículo 9.
El Regente deberá tener, a lo menos, veinticinco años cumplidos.
Artículo 10.
Será Regente el que hubiere sido designado por el Rey predecesor, entre los infantes que
tengan la edad determinada en el artículo antecedente.
Artículo 32. El Senado se compondrá:
1.º De los infantes de España que tengan diez y ocho años cumplidos.
2.º De veinticuatro individuos, nombrados por el Rey entre los ministros, los capitanes
generales del Ejército y Armada, los embajadores, consejeros de Estado y los del Consejo
Real.

Artículo 33.
Ninguno podrá ser nombrado senador si no tiene cuarenta años cumplidos.

Artículo 61.
Habrá Cortes o Juntas de la Nación, compuestas de 172 individuos, divididos en tres
estamentos, a saber:
El estamento del clero. El de la nobleza. El del pueblo.
El estamento del clero se colocará a la derecha del Trono, el de la nobleza a la izquierda y
en frente el estamento del pueblo.

Artículo 72.
Para ser diputado por las provincias o por las ciudades se necesitará ser propietario de
bienes raíces.

Artículo 87.
Los reinos y provincias españolas de América y Asia gozarán de los mismos derechos que
la Metrópoli.

Artículo 88.
Será libre en dichos reinos y provincias toda especie de cultivo e industria.
Artículo 89.
Se permitirá el comercio recíproco entre los reinos y provincias entre si y con la Metrópoli

Artículo 127.
Ninguna persona residente en el territorio de España y de Indias podrá ser presa, como no
sea en flagrante delito, sino en virtud de una orden legal y escrita.

Artículo 133.
El tormento queda abolido: todo rigor o apremio que se emplee en el acto de la prisión o
en la detención y ejecución y no esté expresamente autorizado por la ley, es un delito.

Proclama de Napoleón a los españoles
“…Españoles: después de una larga agonía vuestra nación iba a perecer. He visto vuestros males
y voy a remediarlos… Vuestros príncipes me han cedido todos sus derechos a la corona de las
Españas; yo no quiero reinar en vuestras provincias… y os haré gozar de los beneficios de una
reforma sin que experimentéis quebrantos, desordenes y convulsiones. Españoles: he hecho
convocar una asamblea general de las diputaciones, de las provincias y de las ciudades. Yo
mismo quiero saber vuestros deseos y vuestras necesidades…asegurándoos al mismo tiempo una
Constitución que concilie la santa y saludable autoridad del Soberano con las libertades y
privilegios del pueblo. Españoles: acordaos de lo que han sido vuestros padres, y mirad a lo que
habéis llegado. No es vuestra la culpa, si no del mal gobierno que os regía. Yo quiero que mi
memoria llegue hasta vuestros últimos nietos y que exclamen: es el regenerador de nuestra
patria.
Bayona, 25 de mayo de 1808.”

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